Por Eduardo Camacho Rivera
 
Columna Trasfondos
 
Lo que hasta hace apenas unos días era un tema candente y por demás polémico, es el caso del general Salvador Cienfuegos Zepeda, arrestado hace unas semanas por las autoridades norteamericanas en Los Angeles, California, bajo graves cargos de protección y complicidad con grupos del narcotráfico mexicano.
 
Las mismas autoridades norteamericanas, explicaron que contaban con las pruebas concretas de las conexiones del alto mando militar con el narcotráfico, incluidas numerosas grabaciones telefónicas sumamente comprometedoras para el militar, quien fungió como secretario de Defensa Nacional durante el sexenio de Enrique Peña Nieto.
 
Inicialmente, el gobierno del presidente Andres Manuel López Obrador no le dio mucha importancia al asunto, pero inesperadamente el canciller mexicano Marcelo Ebrard dio a conocer que el gobierno mexicano externó una formal inconformidad hacia el gobierno de los Estados Unidos, por no haber recibido información alguna sobre las investigaciones y la detención del militar mexicano.
 
Algo se fraguaba ya, y días después en un hecho por demás inédito y rodeado de todo tipo de suspicacias, la Corte norteamericana retiró los cargos a Cienfuegos y lo entregó a las autoridades mexicanas.
 
El general prácticamente recuperó su vida normal y la libertad, aunque se supone que será juzgado en México, en base a las más de 700 hojas de pruebas que los Estados Unidos le entregaron a la Fiscalía General mexicana.
 
La realidad es que nadie cree que será juzgado o siquiera encarcelado, porque todo apunta hacia un acuerdo secreto, tras bambalinas, entre los gobiernos mexicano y norteamericano. El gran dilema es saber en qué consistió esa negociación, y de manera muy poco creíble se ha deslizado que México permitirá a los Estados Unidos una mayor presencia de sus agentes antidrogas en el territorio mexicano.
 
Pero ese argumento no parece nada convincente, porque los agentes de la DEA siempre han tenido presencia en México, y lo que sí parece digno de toda credibilidad es la presión que las elites militares mexicanas ejercieron contra el gobierno de López Obrador, para presionar el regreso a México del controvertido  general Cienfuegos.
 
La pregunta del millón sigue siendo ¿qué cedió México, en la negociación, a los Estados Unidos? Sin duda debe haber sido algo muy costoso y delicado, pero el precio o costo debió haber sido mucho muy alto.
 
Por lo pronto el general Cienfuegos ya debe estar bastante tranquilo, e incluso tambien sorprendido porque su suerte cambió increíblemente a su favor.
 
Aunque este asunto se enfría rápidamente en lo político y mediático, ante el alud de "noticias" y anuncios generados en las conferencias mañaneras del presidente AMLO.

Por si fuera poco, ayer martes, en su segundo informe de gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador destacó el papel del Ejército y la Marina, y con ese reconocimiento el mandatario recompuso las tensiones al interior de las Fuerzas Armadas en el caso del general Cienfuegos.

Nada o muy poco se sabe ahora del militar, quien se supone será juzgado en nuestro país, amén de que presuntamente debe estar en alguna prisión del país. Se supone.

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