“El absurdo de combatir la violencia contra las mujeres, ejerciendo violencia hacia las mismas mujeres”

Por Eros Ortega Ramos*

No vengo a hablarle aquí de las pintas feministas que tuvieron lugar en la marcha del Día Internacional de la Mujer en la Ciudad de México llevada a cabo durante la tarde del 08 de marzo del año en curso, ni del vandalismo que sufrieron monumentos e inmuebles a lo largo de esta, total, bien dicen por ahí que lo material “va y viene”, ni de los bloqueos, ni de los inminentes contagios ante una pandemia que aún sigue cobrando la vida de miles de personas alrededor del mundo, más bien, de lo que vengo a hablarle es de la radicalización de la protesta feminista, que si bien expresa un profundo hartazgo de las mujeres ante la inacción del Estado respecto a cuestiones de derechos, igualdad, equidad, paridad, justicia y no violencia que a todos (y con el “todos” incluyo a todos los seres humanos sin importar su sexo ni su identidad de género) deberían de concernirnos, también expresa una preocupante y violenta radicalización de esa protesta que desprestigia y deslegitima al movimiento feminista actual en su búsqueda de soluciones al machismo, al feminicidio y a la violencia de género.

A pesar de los cierres en diferentes accesos del Zócalo capitalino y de los muros que fueron puestos alrededor de Palacio Nacional para evitar los destrozos característicos de algunas de estas colectivas radicales, las diferentes agrupaciones y colectivas feministas arribaron a la explanada del lugar en donde se suscitaron violentos enfrentamientos con mujeres policías que dejaron más de 60 uniformadas y más de 15 civiles lesionadas. 

Cabe resaltar que fueron mujeres las salvajemente violentadas por parte de otras mujeres manifestantes. Por otro lado, tiempo después de haberse iniciado la marcha comenzaron a circular diferentes videos y fotografías en las principales redes sociales con irresponsables descripciones que aseguraban que en la azotea de Palacio Nacional se encontraban francotiradores con armas de grueso calibre apuntando a los colectivos presentes.

La injuria como recurso de intimidación y propagación del miedo para justificar no ya el vandalismo, sino la propia violencia hacia semejantes que, irónicamente, se desea erradicar. Patético. Es completamente legal y legítimo que ante la ola de violencia feminicida que desde hace muchos años se vive en este país, se organicen colectivos que utilicen a la protesta como forma de exigencia de soluciones ante sus demandas de seguridad, justicia y cese a la violencia, sea cual sea esta, ejercida en contra de las mujeres. Lo que es totalmente ilegal, ilegitimo y hasta inmoral, es la utilización de la violencia hacia otras personas como forma de manifestación de inconformidades para con el gobierno en turno. Y repito; no estoy condenando aquí los daños materiales, aunque en varios de los casos se afecten a terceros que nada tienen que ver con las manifestaciones (comerciantes, trabajadores, civiles, etc.), ya que de alguna u otra manera pueden ser resarcidos por las autoridades e instancias correspondientes (o eso espero). No pretendo crear polémica con ese tema.

Lo que condeno y seguiré condenando rotundamente es la reproducción del más grande absurdo que algunas manifestantes año con año se han empeñado en radicalizar: el de combatir la violencia contra las mujeres, ejerciendo violencia hacia las mismas mujeres. ¡No hay argumento válido que justifique el rociar gasolina a mujeres policías! ¿Qué habría pasado si alguna de ellas hubiera fallecido a causa de las quemaduras? ¿Acaso se habría justificado tal acto de barbarie con el argumento de las miles de mujeres muertas por la violencia feminicida? O sea que, bajo esta misma lógica: ¿Tengo derecho a violentar y, en el peor de los casos, asesinar a una mujer por otra mujer que fue asesinada previamente? ¡De ninguna manera lo creo así! La grave situación de violencia hacia las mujeres (que, por cierto, también afecta a los hombres y de una manera mucho más crítica) no disminuirá con más violencia. Los números no mienten, ya que año tras año las estadísticas han reforzado el hecho de que, aunque se violenten a unas mujeres en la búsqueda de soluciones (como es el caso de la marcha del 8M), hay otras que tristemente siguen y seguirán siendo violentadas y asesinadas.

Gracias por su lectura.   

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*El autor es licenciado en Sociología por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana y actual estudiante de la Maestría en Estudios Políticos y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México

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