Para encontrar a los mejores boxeadores mexicanos de la historia salen listas y listas, debates interminables, pero los mejores cinco peleadores suelen ser nombres recurrentes, aunque el orden pueda variar.

Me di a la tarea de analizar y fijar criterios para proponer lo mejor de lo mejor, entre los mejores boxeadores mexicanos de la historia.

En los criterios incluímos la calidad de la oposición enfrentada, los títulos mundiales ganados, los títulos lineales, el ingreso al Salón de la Fama, los campeonatos en múltiples divisiones de peso. Se consideran también peleas ante miembros actuales o futuros del Salón de la Fama, títulos unificados en al menos dos divisiones de peso, así como valor histórico de sus carreras.

Es importante destacar que, para encontrar a los mejores boxeadores mexicanos de la historia descartamos criterios más subjetivos. Cosas como retiro con récord invicto o pocas derrotas, popularidad, presencia en medios. Lo mismo, actividad en redes sociales, romanticismo de la vieja época, obtención de títulos ‘mundiales’ vacantes e interinos, conquista de cinturones NABF, IBO, continentales e internacionales, victorias sobre rivales famosos de dudosa calidad y ‘muchas’ peleas de título mundial.

1. Julio César Chávez, número uno inamovible

El sonorense Julio César Chávez mantiene firme su posición como el número uno entre los mejores boxeadores mexicanos de todos los tiempos. 

 

Chávez lleva 16 años retirado y sus victorias más memorables son sobre Mario Martínez, Roger Mayweather, Edwin Rosario, José Luis Ramírez, Meldrick Taylor, Rocky Lockridge, Juan Laporte, Héctor Camacho y Greg Haughen. Son victorias que se añejan cada vez mejor, como los buenos vinos.

El gran campeón mexicano tuvo un ascenso meteórico sin una carrera amateur. En su pico de plenitud, de 1984 a 1993, no había un peleador más duro y refinado que él en todos los aspectos de la ciencia dulce.

Angelo Dundee, el icónico entrenador de Muhammad Ali, declaró en 1990 para una entrevista con el decano Larry Merchant de HBO Boxing, lo siguiente, y a pregunta expresa.

“Dime, ¿quién es el peleador más duro de todos los tiempos?”, le preguntó Merchant. 

“Es Chávez, el León de Culiacán”, respondió Dundee.

Merchant respondió agitado: “¿Pero más duro que Lamotta, que Marciano?”. 

“Más duro que Lamotta, Marciano, sin excepción”, reiteró Dundee.

Ese felino ganó cinco campeonatos mundiales reconocidos en tres divisiones de peso diferente. Además, unificó cinturones en dos divisiones, obtuvo el título lineal en dos divisiones, fue el mejor Libra Por Libra de 1990 a 1993, y ganó 32 de 37 peleas con campeonato mundial en juego.

Su currículo incluye uno de los empates más polémicos de los últimos 30 años, contra Pernell Whitaker, en la disputa por el título welter en San Antonio, Texas. Asimismo, sus dos derrotas ante el mexicoamericano Óscar de la Hoya, su primer descalabro ante Frankie Randall y su infame cameo ante Kostya Tszyu perviven en la memoria de los aficionados como los puntos más bajos de su carrera.

Chávez se retiró con la marca moderna de victorias más alta, con 107 triunfos en 115 peleas. Algo casi imposible de igualar en esta era de cuatro organismos politizados (CMB, OMB, FIB, AMB), fragmentación promocional de audiencias y plataformas de streaming con derechos de transmisión que chocan con las televisoras y managers de los peleadores.

De manera consistente, Chávez es clasificado por ESPN Boxing, Boxing News, la revista The Ring y BoxRec como uno de los mejores 25 peleadores de todas las eras.

En 2011, Chávez ingresó al Salón de la Fama del Boxeo Internacional, en Canastota, Nueva York, en un punto culminante donde fue inmortalizado junto a Mike Tyson y Sylvester Stallone. Un momento grabado para siempre que lo pone ahí, justo en la cúspide del universo competitivo y cultural del boxeo para siempre.

Eso, sin mencionar el amplio respeto que Chávez mantiene en México entre los aficionados casuales y de ‘hueso colorado’. Es una aprobación que primero era admiración y ahora ha evolucionado a ser adoración con el paso del tiempo.

Chávez está canonizado en el lugar más alto de la religión mexicana que es el boxeo, ¿por cuánto tiempo?, no lo sabemos.

2. Sal Sánchez, carrera trunca, pero méritos suficientes

Por lo general, cuando surge la discusión de quiénes son los mejores boxeadores mexicanos de todos los tiempos, los primeros tres nombres resultan inamovibles. Y suelen aparecer en este orden: Julio César Chávez, Salvador Sánchez y Ricardo López.

La calidad de Sal y del Finito es indiscutible. Cualquier argumento que cuestione su aparición tan alto en la lista debe ser tomado con reserva, y muy probablemente desechado. Para algunos, Sánchez es el segundo; para otros, es López quien debería ser el segundo detrás de Chávez. Otros van más allá, y colocan a Sánchez como el uno entre los mejores boxeadores mexicanos; por encima, incluso, de Chávez.

En un debate infinito. La narrativa toma vida con frecuencia cada vez que se socializa en reuniones, se debate en la prensa, cuando se dan grandes peleas entre mexicanos. Y por supuesto, en el entramado algorítmico que crea pasionales burbujas de creencias en las redes sociales.

Siendo objetivos, y tomando en cuenta los principales criterios cualitativos señalados anteriormente, es Sánchez el claro merecedor del segundo puesto, detrás de Chávez.

¿Por qué? Invicto en 10 peleas de campeonato mundial como peso pluma ante rivales como Danny “Coloradito” López, Juan Laporte, Wilfredo Gómez y Azumah Nelson. A los 23 años, ya sumaba cuatro victorias sobre futuros miembros del Salón de la Fama.

Sánchez, originario de Santiago Tianguistenco, Estado de México, es considerado el mejor peso pluma de los últimos cuarenta años. La calidad de oposición que enfrentó es una de las más duras que cualquier campeón mundial haya enfrentado en su carrera. Sal los derrotó a todos con gracia, poder y ciencia.

Su exhibición ante Wilfredo Gómez en 1981 es reconocida como la más devastadora en la amplia tradición boxística que comparten México y Puerto Rico. Así lo reportó el decano Graham Houston reportó para Boxing News al termino del combate que ganó el mexicano con un vibrante nocaut en ocho asaltos.

“Demostró ser un peleador muy por encima de lo normal en términos de durabilidad y habilidades de boxeo”, escribió Houston. “Siempre parecía tener el control, y metódicamente, desmanteló a Gómez; casi pieza por pieza, por así decirlo”.

Nadie puede saber qué tan grande habría sido en plenitud Sánchez. Su muerte, a los 23 años al impactarse contra un tráiler conduciendo un Porsche, fue abrupta.

3. Finito López, el pequeño gigante del boxeo mexicano

‎Ricardo López, el Finito, aparece en el tercer lugar entre los mejores boxeadores mexicanos de la historia. Nunca probó la derrota.

Finito ocupa el primer lugar o segundo en la mayoría de las listas contemporáneas publicadas en Estados Unidos, Reino Unido y México. 

Acumuló marca de 25-0-1 en peleas de campeonato mundial. Algunos podrían verse engañados por la marca de cero derrotas en su palmarés general (51-0-1), pero eso a menudo significa una evasión o evaluación de riesgos, especialmente en la era de cuatro organismos y 17 divisiones de peso. 

Sin embargo, en el caso de López, no fue culpa suya. 

Fue un excelente boxeador y campeón que peleó en Asia y América del Norte, pero su diminuto tamaño lo dejó aislado en una clase de peso excepcional sin las rivalidades para elevarlo más alto en esta lista. Sigue siendo un gran mexicano, pero no el más grande. 

En un impresionante reinado de ocho años, López acumuló  22 defensas de su corona de peso paja del CMB, muchas apareciendo como telonero en funciones promovidas por Don King. 

Detuvo al campeón de la OMB, Alex Sánchez, y resultó victorioso al final de un par de combates de  unificación con el campeón de la AMB, Rosendo Álvarez (un empate técnico, una derrota) antes de ganar la corona de la FIB en peso mini mosca contra Will Grigsby. 

Se retiró sin suficientes peleas que lo definan para clasificarlo más alto en esta lista de inmortales mexicanos, pero todavía merece la inclusión como uno de los mejores pequeños de todos los tiempos. ‎

En su crédito, y a diferencia de pesos más grandes, en los pesos chicos muchas veces hay que ir a ganar a los países del continente asiático con todo en contra. Eso le añade algunos niveles de dificultad a sus peleas. Y cada que el Finito viajó, ganó.

4. Baby Arizmendi, la leyenda mexicana que nadie vio

Para los aficionados casuales la inclusión tan alta en la lista de Alberto ‘Baby’ Arizmendi entre los mejores boxeadores mexicanos debe ser una sorpresa. Al final, es un peleador de los años 30 y 40, y de quien todavía hasta hace unos años, no se encontraban videos en YouTube. Pero, para los punditos y la prensa especializada, el de Arizmendi es un nombre que los va a poner a debatir sobre uno de los grandes pioneros del boxeo mexicano en Estados Unidos.

Arizmendi fue el primer boxeador azteca que ingresó al Salón de la Fama del Boxeo Internacional y se trata de uno de los mejores pesos pluma de la primera mitad del Siglo XX.

En su haber tiene victorias sobre miembros del Salón de la Fama como: Henry Armstrong (dos veces), Newsboy Brown, Freddie Miller, Fidel LaBarba, Chalky Wright (dos veces) y empates ante Lou Ambers y Sammy Angott.

Se trata de un auténtico ‘old timer’, que debió merecer más reconocimiento en México por su calidad, tenacidad y agallas. 

Arizmendi fue un boxeador raro incluso para su época como contendiente de clase mundial (1933-1940). Y es que, al evaluar riesgos y oportunidades aceptaba pelear contra rivales de mayor alcurnia o percibidos como ‘más fuertes’ o ‘más técnicos’.

BoxRec lo refiere como nacido en 1913 en Tampico, Tamaulipas; su ficha del Salón de la Fama lo reporta, como nacido en 1914 en Torreón, México.

Compitió en tres divisiones de peso: gallo, pluma y welter, ganando el título mundial en las 125 libras en 1934 ante Mike Belloise por decisión unánime en 15 asaltos, en Manhattan, Nueva York.

En su primera defensa encaró el reto de Armstrong en noviembre del mismo año y lo derrotó no sólo de manera sorpresiva, sino sorprendentemente en diez asaltos. Una de las más grandes victorias en la historia del boxeo mexicano.

En su reporte de la pelea, la agencia UPI publicó en su cable original: “‎El boxeo superior de Arizmendi y los golpes efectivos sobre el cuerpo le permitieron ganar casi todos los asaltos. Peleando con una muñeca izquierda rota desde el segundo asalto, Arizmendi dio una de las exhibiciones más valientes en la historia del boxeo mexicano”.‎

No conforme con eso, Arizmendi volvió a enfrentar a Armstrong el 1 de enero de 1935 en la Ciudad de México para repetir la dosis y tomar ventaja 2-0 en su rivalidad.

Eventualmente perdería las siguientes tres peleas contra Armstrong (la última por el título mundial welter en 1939), pero su marca en el boxeo ya estaba hecha.

Arizmendi compitió en tres décadas. Acumuló marca de 87-26-14 (20 KO’s) y 1,107 rounds, sólo fue detenido en cuatro ocasiones a lo largo de 128 combates. De entre todos los miembros del Salón de la Fama que enfrentó, sólo Ambers logró detenerlo en once asaltos. Y eso, debido a cortes sufridos en sus ojos en un duelo realizado en el Madison Square Garden, apenas 54 días después de enfrentar a Armstrong.

Baby Arizmendi es un grande entre los hombres que aparecen en este Top 25. Un personaje oscuro, por las interrogantes que siguen existiendo sobre su biografía, pero sus méritos sí que resplandecen.

5. Rubén “Púas” Olivares, del pueblo y para el pueblo

‎Probablemente hay quienes sienten que Olivares debe ser considerado el uno entre los mejores boxeadores mexicanos, y en términos de idolatría, probablemente sí lo sea. El Púas fue campeón mundial de peso gallo y peso pluma. Un peleador fenomenal en su ápice y más completo de lo que se cree. 

Obtuvo el título de 118 libras con una aplastante victoria por nocaut en el quinto asalto sobre el consumado australiano Lionel Rose, quien había derrotado al poderoso retador mexicano Chucho Castillo mediante una polémica decisión en Los Ángeles, California. Olivares perdió el título ante Castillo, pero lo recuperó de su compatriota y dos veces ganó el título de peso pluma.‎

Al Púas, fue un ídolo popular. Todo un fenómeno cultural apareciendo en películas y televisión, que además, se le recuerda como uno de los mejores peso gallo de la segunda mitad del Siglo XX. Dominó la división de las 118 libras con puños de plomo y certera puntería de poder. Su era campeonil inició a finales de la década de 1960 y concluyó a mediados de los 70. ‎‎‎

‎La gente parece recordar a Olivares como un aporreador de poder y presión, pero tenía capacidad para mostrar un boxeo de primera clase y sabía contragolpear muy bien. 

Esto quedó en evidencia cuando derrotó a Castillo en su tercera pelea para definir la rivalidad en abril de 1971. La agencia de noticias UPI reportó que Olivares “mostró un excelente gancho de izquierda y tácticas de boxeo superiores”. 

Castillo derribó a Olivares con un gancho de izquierda en el sexto round, Olivares se quedó atrás y esperó a que Castillo se acercara a él, luego lo castigó, dando vueltas y lo golpeó. 

“Olivares se negó a ser sacado de sus tácticas de boxeo”, informó la citada agencia.

Olivares podía ser un estratega y golpeador racional, pero era más conocido por sus golpes explosivos. 

Su estampa más indeleble es aquella de agosto de 1969 cuando noqueó a Rose en el Forum de Inglewood, en Los Ángeles. Esa noche el Púas fue un feroz agresor provocando alaridos de una multitud de casi 20 mil personas mientras derribada al campeón tres veces en cinco asaltos desiguales.‎

 

Este reporte inicial de Boxing Illustrated recapitula muy bien cómo lució Olivares. “El pequeño australiano fue golpeado, acuchillado, bombardeado y maltratado por todo el ring por el increíblemente fuerte y agresivo peleador de 21 años que notó que ya pertenece entre los grandes de todos los tiempos de 118 libras”.

Fuente: Izquierdazo.

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