Columna Trasfondos
 
Por Eduardo Camacho Rivera
 
Las cifras del COVID-19 no dejan de crecer en Quintana Roo, en el país y en prácticamente todo el mundo.
 
Por eso no extraña el anuncio realizado esta semana por el presidente Andrés Manuel López Obrador, respecto a que a partir de la próxima semana habrá cuatro conferencias de prensa al día desde Palacio Nacional.
 
Es decir, a las tres ruedas de prensa que ya se efectuaban diariamente, se agrega una más sobre los Programas del Bienestar.
 
Además de la conferencia matutina diaria, conocida popularmente como "La Mañanera" porque se realiza de las 07:00 hasta las 09:00 horas y que es encabezada por López Obrador, quien informó que habrá una conferencia más presidida por la secretaria del Bienestar, Maria Luisa Albores González, la cual se realizará de 20:00 a 21:00 horas.
 
Por lo tanto, la parrilla programática quedará de la siguiente manera: De 18:00 a 19:00 horas, el "Informe diario sobre los Créditos a la palabra", a cargo de la Secretaría de Economía y del Instituto Mexicano del Seguro Social; de 19:00 a 20:00 horas, la conferencia sobre coronavirus Covid-19 en el país, encabezada por el doctor Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud. La nueva conferencia será al finalizar el informe sobre Covid y tendrá como objetivo hablar de los programas de Bienestar.
 
Cuestionado sobre cuándo iniciará esa nueva conferencia nocturna, AMLO explicó  que "considero que en una semana" y pidió "perdón" a los reporteros, porque tendrán que estar más horas trabajando.
 
El caso es que el gobierno federal insiste en ampliar su política de comunicación social a través de las conferencias de prensa, en una herramienta que le ha redituado relativos dividendos positivos, sobre todo al propio presidente de la nación, quien de esa forma ha logrado colocarse a diario, para bien o para mal, en los medios de comunicación tradicionales, en los medios digitales y en las redes sociales.
 
Esta estrategia de comunicación, decíamos, le ha funcionado cuando menos al presidente López Obrador, y por ello no pocos gobernadores han tratado de replicarlo, al parecer sin los resultados que esperaban, dado el generalizado y creciente desprestigio y rechazo popular hacia casi todos los gobernadores de las entidades federativas del país.
 
Tras la salida del PRI de la presidencia en el ya lejano año 2000, los gobernadores cobraron un colosal poder ante el nuevo escenario político nacional, en el que no había jefe presidencial capaz de disciplinarlos, contenerlos o deponerlos.
 
La llegada de López Obrador a Palacio Nacional fue mucho más que un mal signo para los poderosos e intocables gobernadores. 
 
Han intentado reagruparse, presionar, exhibir músculo e imponer sus condiciones. Hasta ahora no lo han logrado; no cuando menos cómo ellos quisieran.
 
La estrategia de las conferencias "mañaneras" ha sido todo un festín de señalamientos y balconeos a empresarios, partidos, organizaciones sociales, sindicatos y a los propios gobernadores.
 
Y el circo romano continuará, ahora con una nueva edición de prensa nocturna, en este que se supone es parte de la comunicación institucional del gobierno de la 4T. Para bien o para mal.
 
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